El mercado inmobiliario, otra víctima de la crisis

Sector-inmobiliario

gobierno nacional niega que el sector inmobiliario pase por la crisis más prolongada de su historia. El jefe de Gabinete, con el uso amañado que suele hacer de las estadísticas -también estas últimas de dudosa veracidad-, desmiente incluso el cierre de numerosas inmobiliarias porteñas, denunciado recientemente por la cámara que representa a la empresas del sector.

Contrariando el relato oficial, el derrumbe del mercado inmobiliario es absolutamente comprobable en la caída del número de escrituras que se inscriben en los registros de la propiedad. De acuerdo con las últimas estadísticas disponibles, septiembre pasado cerró con un total de 3102 escrituras en la Ciudad de Buenos Aires. Esa cifra es la más baja para ese mes en la última década. Según el Colegio de Escribanos, esa merma fue del 4,17% respecto de 2013 y del 49,3% comparado con igual período de 2011.

La necedad oficial en desconocer los problemas no debería llamarnos la atención, pues es sabido que para la gestión de Cristina Kirchner no hay inflación, no hubo devaluación, no corresponde hablar de crisis de la industria ni energética, ni de descenso educativo y, menos aún, de aumento de la pobreza y de la inseguridad en el país. Ello, a pesar de la contundencia de todos los indicadores de la realidad. Para la actual administración, cuando se genera un problema en lugar de, por lo menos, intentar resolverlo, lo que hace es inmediatamente buscar a alguien a quien echarle la culpa.

En el caso específico de las inmobiliarias, basta con observar la enorme cantidad de firmas que han decidido cerrar sus puertas. Varios factores han confluido para que, como dijo el presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina, Roberto Arévalo, la situación se haya ido agravando cada vez más. Entre ellas, la descontrolada y sostenida inflación, la desconfianza en los cedines y el cepo cambiario que ya ha cumplido tres tristes años.

El deterioro económico general tiene en el mercado inmobiliario a uno de sus exponentes más categóricos. A partir del cepo y, especialmente desde que en 2012 se prohibió la conversión de los créditos hipotecarios de pesos a dólares, son muy pocos quienes se arriesgan a poner en venta un bien. Mucho más grave aún es la situación de quienes no poseen nada para vender y de los que siguen sin poder acceder a una vivienda digna.

A pesar de las promesas, los créditos brillan por su ausencia; muchos inversores desisten de construir por la falta de seriedad y de seguridad en las aprobaciones de proyectos y por la inestabilidad del sistema monetario para poder vender con financiamiento. Además, la reciente sanción del nuevo Código Civil y Comercial ha sumado una incógnita más sobre cómo se aplicará la disposición referida a la posibilidad de saldar con pesos las deudas contraídas en moneda extranjera. El propio presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, admitió que para ello hará falta una ley específica o esperar que las sentencias judiciales aclaren la cuestión.

Según el director de la consultora especializada Reporte Inmobiliario, José Rozados, en 2013 la venta de propiedades en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires fue la más baja de toda la serie que empezó en 1980.

Un trabajo de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) reveló que el precio promedio de los departamentos usados cayó 4,2 por ciento en agosto último respecto del mismo mes de 2013, como consecuencia, precisamente, del freno que padece el sector inmobiliario.

El mercado inmobiliario, por cierto, no es una isla: padece los efectos de la recesión de la economía en su conjunto. La inflación ha hecho y hace estragos. En relación con los salarios, los precios no ceden y hoy se requiere una gran cantidad de sueldos para adquirir un monoambiente. Paralelamente, no hay ahorro posible y la presión impositiva es récord.

La construcción, por su parte, pasa por un marcado declive, con lo cual no es difícil predecir que el año próximo tampoco crecerá el número de escrituras.

De no mediar un cambio en las erróneas políticas económicas que han llevado a esta profunda crisis del mercado inmobiliario, 2015 será un año todavía más crítico.

Con actitudes demagógicas y populistas, cada vez más hostiles y contrarias a la seguridad jurídica necesaria para la confianza en el país, el Gobierno sigue empecinado en desconocer la premisa básica del efecto multiplicador del sector de la construcción en el desarrollo económico de las naciones y, fundamentalmente, en el bienestar de la población.

 

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1743741-el-mercado-inmobiliario-otra-victima-de-la-crisis

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