Salarios y vivienda: Cuánto cuesta hoy vivir en la Argentina

f700x390-232275_271293_31
El sueño de la casa propia parece estar siendo reemplazado por el de la “casa alquilada”. Comprar es cada vez más caro pero rentar un inmueble sigue siendo una opción más que viable. Cuánto cuesta hoy una vivienda, cuánto ayudan los bancos y cuánto colabora el Estado para que los argentinos puedan, al llegar a casa, decir “hogar, dulce hogar”
Algo más de 8 millones de argentinos viven en la Argentina en condiciones precarias, es decir, dos de cada diez. De esa cantidad, 1,8 millones subsiste en condiciones de “hacinamiento crítico”, según reveló el censo 2010. De hecho, el “hacinamiento familiar” (dos o más familias compartiendo la vivienda) creció de 2001 a 2010 a casi el doble: del 6,5% al 12%. 1,4 millones de hogares argentinos comparte techo con otro.
Paradójicamente, existen cerca de 2,5 millones de viviendas deshabitadas, destinadas a refugio de inversión o a segunda o tercera casa de una familia.
Buscar casa
Por matrimonio, por paternidad, por divorcios, por anhelos de independencia, por comodidad, por inversión: todos los días, miles de argentinos salen a las calles a buscar un lugar que pueda considerar propio. Desde quienes alquilan y aspiran  por módicas sumas mensuales a la ilusión del propio hogar, hasta quienes viven de rentas y acumulan propiedades. Pero tener casa (propia o alquilada) en la Argentina es cada vez un poquito más difícil.
Mes a mes
Alquilar en la ciudad de Buenos Aires se hace cuesta arriba. En relación a los salarios, la renta ha crecido de manera significativa. Según datos de la consultora Abeceb, en Capital Federal se necesita aproximadamente el 29% más de salario para alquilar la misma vivienda que en 2013. Además, señala que las mensualidades rondan el 70% de un salario en blanco, en tanto que, para el caso de los trabajadores no registrados, ese porcentaje se eleva a más del 150%. De todas maneras, la capital del país ofrece alquileres de precios variados: el mínimo en puerto madero, considerando un departamento de 50 metros cuadrados, supera los $ 7.000 mensuales, en tanto que en Villa Luro y Monserrat se pueden conseguir por $ 3.000.
En Córdoba los alquileres arrancaron este año desde los $ 1.800 (monoambientes y espacios pequeños), pero las expensas elevan considerablemente estos costos: oscilan entre los $ 700 y los $ 1.300. Si se suman unos $ 500 de luz, gas, agua e impuestos, se concluye que para vivir de manera independiente en esa ciudad se necesitaban unos $ 3.000 por lo menos en enero, mientras el salario mínimo, vital y móvil se ubicaba en los $ 4.400.
Hoy, el mínimo es de $ 4.716, pero las rentas han aumentado. Hojeando viejas ofertas, el presidente del Colegio Inmobiliario de Tucumán, Fernando Guzmán, halló alquileres ofrecidos en 2004 por $ 250 (cuando el salario mínimo era de $ 450). “Hoy, ese departamento cuesta unos $ 2.000 por mes”, señala a El Intransigente.
Sin embargo, la dificultad principal para vivir alquilando no reside en el mes a mes, sino en el comienzo. Si se considera el mes por adelantado, el depósito de garantía, la comisión inmobiliaria, los gastos de escribanía y sellado del contrato y los costos de mudanza, se concluye que el costo para ingresar a una vivienda asciende a un salario y medio, o dos. A partir de entonces, renta, impuestos y servicios se comerán cerca del 70% del ingreso de un trabajador que gana la mínima.
La casa propia
Si bien los costos de los alquileres mantienen relativa relación con los salarios, no ocurre lo mismo a la hora de comprar una vivienda. Mientras en el año 1994 se precisaban unos 40 sueldos para acceder a la compra de un espacio de 50 metros cuadrados, esa cifra bajó hasta tocar su piso en 2001, cuando un argentino requería 30 sueldos. Los datos, elaborados por el economista Orlando Ferrreres, aseguran que en la actualidad esa proporción se ha elevado de manera significativa: el mismo departamento en Capital Federal hoy cuesta 70 sueldos.
Créditos hipotecarios
La compra de la vivienda propia se ha hecho cuesta arriba por la escasez de créditos hipotecarios. Si bien tuvieron su punto más bajo en 2009, cuando llegaron a ser prácticamente inexistentes, desde entonces muestran un leve repunte, pero que no llega a ser de peso en el mercado inmobiliario. De hecho, se calcula que, mientras en los 90 los créditos hipotecarios representaban entre el 8 y 9% del PBI, en la actualidad no superan el 1,5%.
“Hace 11 años que no tenemos uno en serio”, analiza Guzmán desde Tucumán, y aclara que, mientras continúe esta situación “la gente va a seguir alquilando, porque las parejas se casan, los jóvenes se independizan, las personas siguen necesitando dónde vivir”.
Por eso, asegura, la demanda de alquileres no ha caído y Guzmán estima que va a seguir sostenida. El fenómeno se repite en todo el país: la renta es la única opción para quien necesita un techo. De hecho, el Censo 2010 da cuenta que la cantidad de inquilinos en el país creció el 5% en la última década.
 Los créditos para compra de viviendas no son promocionados por los bancos y exigen requisitos cada vez más excluyentes. Por lo general, cubren valores que rondan el 50% del total de la propiedad, y con cuotas superiores a lo que puede resultar del alquiler del inmueble. Esa cuota no puede superar el 30% del salario del comprador, por lo que se deduce que, para acceder a un hipotecario, se necesita una solvencia económica que no existe en la clase media. Por poner un ejemplo: para comprar un departamento de $ 2 millones, se deberá acreditar ingresos mensuales que van de los $ 40.000 a los $ 80.000. Se pagará al banco cuotas de $ 20.000 pero sólo se podrá cobrar un alquiler de unos $ 4.000. Los montos varían de acuerdo a los bancos pero, en los hechos, los préstamos bancarios para compra de vivienda quedaron lejos de la clase media.
 Vivir de rentas
Si la casa propia es el sueño de casi todos los argentinos, vivir de rentas es su fantasía. Sin embargo, la rentabilidad de las viviendas está en su punto más bajo desde la crisis de 2001. El desdoblamiento del dólar ha elevado los precios de compra de las unidades, pero esos costos no se pueden trasladar a los alquileres porque los salarios de los inquilinos no acompañan esa suba. Mientras en los 90 (los años dorados de la renta inmobiliaria) se podían cobrar alquileres que completasen el 12% anual del valor de la construcción, actualmente esa rentabilidad ha bajado a cerca del 2%. De todas maneras, los propietarios prefieren mantener las unidades ocupadas por lo menos para solventar gastos, y deciden no sacarlas a la venta por cuestiones de seguridad financiera.
“Disminuyó la ganancia de los propietarios, pero los inmuebles continúan siendo el lugar más seguro para invertir. Los plazos fijos no son rentables, ya no se puede apelar al ahorro en dólares (por ser ilegal), por lo que las casas y departamentos siguen siendo el lugar más buscado”, analiza Guzmán.
La política oficial de viviendas
El Ministerio de Planificación asegura que, entre 2003 y 2010 el Gobierno construyó más de 300.000 viviendas, cifra que, en la actualidad, superaría el medio millón, aunque la presidenta Cristina Kirchner anunció en agosto que ya se llegó al millón. El actual es el gobierno que más viviendas públicas ha construido, después del de Perón (edificó 400.000 en un país con la mitad de habitantes). Sin embargo, por lo general, los planes actuales apuntan a las clases medias, que pueden demostrar ingresos y solvencia necesarios para afrontar las cuotas. Pese a la cantidad de construcciones, las cifras oficiales del Censo 2010 señalan que hay más inquilinos y más familias hacinadas que en 2001.
El Procrear es, sin dudas, el que más impacto tuvo. Junto a algunos planes provinciales ha hecho florecer barrios enteros en casi todas las regiones del país, pobladas de asalariados. Sin embargo, la línea de Construcción del Procrear ha generado efectos no deseados: por un lado, disparó el valor de los terrenos a más del doble y, por el otro, el monto aprobado quedó totalmente desfasado producto de la inflación.
El déficit habitacional sigue preocupando entre las personas más humildes, que no tienen trabajos registrados y no pueden acreditar ingresos suficientes para acceder a los planes de vivienda social. Para ellos, se ha lanzado la política de mejoras habitacionales, con fondos nacionales y, generalmente, ejecutada por las provincias. El boom de la construcción pública (a la que se suman obras de infraestructura), contribuyeron a aumentar también los niveles de empleo y, por lo tanto, de consumo.
Construir: La aventura impredecible
Comprar terrenos para construir la vivienda propia no parece ser la mejor opción en estos tiempos. Los costos aumentan desde el comienzo de la obra hasta su construcción, lo que dispara el presupuesto a niveles no planeados. “El índice de la construcción aumentó el 47% en el último año, sólo el cemento subió el 28%”, indica el presidente del Colegio Inmobiliario de Tucumán, Fernando Guzmán. “A quien tiene dinero para una casa propia le conviene comprar un inmueble usado”, aconseja.
Vivir en un country
Para familias de mejor poder adquisitivo, el anhelo de vivir en un country dispara los precios a niveles altísimos. Mientras que en Tucumán se puede acceder a una vivienda de esas características por unos $ 12.000 mensuales, en Buenos Aires los costos se disparan a mínimos de $ 25.000 (algunos son en dólares). En Córdoba, la oferta arranca desde los $ 7.500, pero la media se ubica arriba de los $ 10.000. En los alrededores de Rosario, se pueden conseguir desde los $ 8.000, de acuerdo a las publicaciones de las inmobiliarias.
Fuente: http://www.elintransigente.com/argentina/2014/11/13/salarios-vivienda-cuanto-cuesta-vivir-argentina-277338.html

¡Sé parte de GoPlaceIt, es gratis!

¿Qué estás esperando?

Entrar ahora