Bogotá, la ciudad de América Latina donde más se vive en arriendo

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El 40 % de los colombianos vive en alquiler. Expertos no consideran que esto sea algo negativo.

Uno de cada tres hogares vive en arriendo en Colombia y tres de las más grandes capitales: Bogotá, Cali y Medellín ocupan los primeros lugares, entre 42 ciudades de más de 1 millón de habitantes en A. Latina y el Caribe, con el mayor número de familias que tienen que pagar alquiler.

La alta tasa de arriendos en el país (40 por ciento) no solo proviene del déficit de propiedad habitacional que, en la región, es del 40 por ciento, sino que ser inquilino se está convirtiendo en una tendencia, en especial entre jóvenes, hogares unipersonales y divorciados.

Estos son algunos de los hallazgos del estudio ‘Se busca vivienda en alquiler’, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuyo lanzamiento en Colombia coincidió con el anuncio, por parte del Ministerio de Vivienda, de la implementación del programa de subsidio a los arriendos.

La medida busca proveer recursos hasta por 15 millones de pesos en dos años a familias que devengan su ingreso laboral en la informalidady, por lo tanto, se les dificulta ahorrar para convertirse en propietarios.

En principio, los beneficiarios serán alrededor de 1 millón, estima el Ministerio.

Pero más allá de la necesidad, “vivir en alquiler ya es cuestión de preferencia”, dice Andrés Blanco, investigador principal del estudio del BID, respondiendo a la creencia de que es mejor ser propietario.

“Todo depende del ciclo de vida de la persona. A los jóvenes no les gusta estar amarrados en un lugar, durante 15 o 20 años, por una vivienda.Requieren movilidad para aprovechar oportunidades laborales”, explica.

En esa franja de edad que, según el BID, es la que más demanda vivienda en arriendo, está Fabio Solano, de 25 años. Aunque su familia tiene casa propia, se mudó en arriendo a un apartamento en el centro de Bogotá. “Estoy cerca del trabajo, los centros culturales, los restaurantes. En estos temas invierto lo que pagaría en transporte hasta la casa de mis padres en la 157 con autopista Norte”.

Más caro para los pobres

El gasto en vivienda, en arriendo o en crédito para ser propietario, es uno de los más altos para los colombianos. Según la firma Raddar, “en el primer trimestre del año los hogares, en promedio, asignaron el 25,1 por ciento de su ingreso a la vivienda”, pero entre los pobres, la destinación de recursos a este gasto es aún mayor. “En el nivel de ingresos bajos la asignación fue de 27,2 por ciento; en los medios de 24,6 y en los altos de 24 por ciento”.

Esa disparidad es uno de los argumentos del BID para proponer a los países buscar salidas a través de la formulación de una política pública de alquiler. Al ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, la propuesta le suena. De hecho, la medida anunciada, de subsidiar los arriendos a los informales está en ese camino.

“El marco legal en el país dice que el canon del arriendo no puede ser mayor al 1 por ciento del valor de la propiedad. No obstante, mientras en los estratos altos solo se cobra el 0,5 por ciento, en los bajos, por la mayor escasez de vivienda, se le pide al inquilino el 1,7 y hasta el 2 por ciento. Esto quiere decir que a los pobres les está saliendo más cara la vivienda en arriendo”, señala Henao.

Esa situación, en parte, se debe a la informalidad, otro de los fenómenos que caracteriza los arrendamientos en Colombia. Según el BID, el 50 por ciento de los contratos son informales. Y Fedelonjas estima que un 62,8 por ciento son verbales.

A ello se le agrega que, según el investigador Andrés Blanco, “solo el 1 por ciento de la oferta de arriendos es manejada por firmas especializadas”.

El dilema inmobiliario

En medio de disposiciones adoptadas ya para construir 100.000 viviendas gratis y 86.000 de interés prioritario para que cada vez haya más colombianos propietarios, se generó la controversia sobre si es mejor ser arrendatario o propietario.

El presidente de Fedelonjas, Cesar Llano, dice que “el arriendo no compite con la tenencia. Por ahora, la forma de ahorrar en los estratos bajos es acumulando ladrillos. La otra manera es ahorrar para adquirir, que es lo que propone el Gobierno a través de una especie de leasing habitacional para estrato bajo”.

Samuel Jaramillo, investigador del Centro de Estudios Económicos (Cede), de la Universidad de los Andes, sostiene que si bien comprar tiene la ventaja de la estabilidad, “promover el alquiler en un país es señal de madurez y racionalidad”.

Y desde la perspectiva del Ministro de Vivienda, “lo que dice el BID es que es bueno que Colombia sea un país de arrendatarios. Hay más gente saliendo de la pobreza, con mayor capacidad adquisitiva, tienen con qué arrendar. Entonces, no la dejemos ir a asentamientos precarios, sino que incentivemos la construcción de vivienda en arriendo”.

‘Prefiero arrendar’

La unidad de estudios económicos de la corporación financiera Corficolombiana realizó un cálculo según el cual, si se tiene una vivienda de 300 millones de pesos tomarla en arriendo vale 1,2 millones de pesos. Un crédito a 10 años por el 70 por ciento del valor del inmueble, para comprarla, implicaría cuotas de 2,9 millones.

La decisión está sujeta no solo a la capacidad económica, sino a temas culturales. Así, mientras Ana Solórzano sueña con lograr un ahorro para acceder a un techo de 40 millones de pesos, el cual sería el principal activo de su familia, Andrés de la Vega sostiene que el asunto es de rentabilidad. “Vivo en un apartamento de 1.000 millones de pesos y pago en arriendo 4 millones. Si comprara, solo tendría un ahorro frío, pero si pongo los recursos en un negocio con un rendimiento anual del 8 por ciento, es decir, 80 millones de pesos, solo con las ganancias podría pagar hasta un arriendo de 6,6 millones de pesos mensuales”.

De todas maneras, hay un dato potente a favor de los partidarios de la inversión inmobiliaria: según el Banco de la República, el valor real de la vivienda usada aumentó un 97 por ciento en solo 10 años (2003-2013).

Las otras conclusiones del BID

El estudio del BID concluye que el alquiler no es una opción restringida a los más pobres, sino que la tendencia a arrendar aumenta con los ingresos de los hogares y se concentra en los estratos medios. Establecen que la oferta de vivienda en alquiler presenta mejores condiciones en materia de infraestructura y materiales de construcción que la vivienda en propiedad informal. Proponen estímulos para que la vivienda vacía entre al mercado del arriendo.

MARTHA MORALES MANCHEGO
Redacción Economía y Negocios

Fuente: www.eltiempo.com

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