Busco Depto donde vivir: La odisea de encontrar una buena opción… y el bullying de los propietarios

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Publicado en el Diario La Segunda, el Sábado 17/11/2012

Los precios están por las nubes, las exigencias son cada vez más insólitas… la demanda sube y sube. En mi periplo por algunos barrios de Santiago me encontré con un puñado de “desesperados” jóvenes que llevan semanas en las mismas, y aún no tienen residencia definitiva.

La cosa no está fácil.

Nada de fácil, la verdad.

Arrendar departamento en Santiago es tarea ardua. Díganmelo a mí, que para esta crónica en primera persona hice el ejercicio durante toda esta semana. Periódico en mano -más la ayuda de un par de sitios web- me sumergí a buscar un lugar para vivir, algo cómodo, medianamente céntrico, cercano al Metro: un departamento de soltero, ¿de unos 60 metros cuadrados? Living-comedor-cocina… ojalá con una terracita. Y baño, obvio. Baño con ventana, de ser posible. Presupuesto: $350.000 al mes, gastos comunes incluidos.

En esta travesía me topé con decenas de jóvenes “en busca de”, algunos bastante desesperados, que llevan ¡meses! como allegados en la casa de un amigo… a la espera de que les salte la liebre (y puedan pagar por ella).

El problema, por ahora, no es la poca oferta. Departamentos hay. El drama es la demanda, que es mucha, muchísima… lo que se traduce en que la “selección” de inquilinos que hace el dueño sea, a ratos, insólita, poniendo condiciones difíciles de creer.

Según las cifras que manejan en la Cámara Chilena de la Construcción, sólo en el último año los precios de los departamentos en el sector Nor Oriente de Santiago han subido un 15,9%. Heavy. Y el desglose por comunas es peor: según un reciente estudio elaborado por Mapcity, en Ñuñoa el precio de los departamentos de 20 m2 a 40 m2 ha aumentado, en los últimos dos años, en un 30%… en Providencia un 32%… y en Las Condes 36%.

Así las cosas, alquilar un departamentito en Provi pasó de costar $250.000, aproximadamente, a unos $400.000, en la actualidad. Y eso es sin contar los gastos comunes. ¿Por qué diantres han subido tanto los arriendos? Los entendidos dicen que hay un “cóctel” de explicaciones: hay más plata dando vueltas (en una economía que crece); hay más jóvenes, parejas separadas y familias con pocos integrantes que están buscando dónde vivir; el mercado de viviendas más pequeñas ha crecido, y algunas comunas se han hecho especialmente atractivas para vivir tranquilo y bien conectado con el resto de la metrópolis.

En mi búsqueda de un departamento, el martes conocí a José Valdés (28). Ambos llegamos al mismo tiempo a visitar una opción, en Pedro de Valdivia. A estas alturas, dice, está ya al borde del colapso: llegó hace un mes de España -donde fue por un año a estudiar un máster- y hoy busca un depto para vivir con su polola. Mientras, duerme en un saco de dormir en la casa de su hermano… lejos de Loreto, su amor, quien se hospeda donde sus papás.

En estos casi 30 días de frenética búsqueda, me cuenta, ha debido ir cediendo en un montón de cosas que jamás imaginó. “Ya me resigné a que no voy a vivir en el departamento que quería al principio”, se lamenta. Quería en Providencia… pero ahora está abierto a vivir en Ñuñoa o Las Condes, donde los precios son más bajos; quería terraza, pero ahora ya sabe que eso sería un lujo; quería suelo alfombrado, o parquet, pero ahora se conforma hasta con flexit.

José ha visitado más de 25 lugares, le han convencido 3… y aún no tiene nada entre manos: “Siempre alguien me ha ganado el ‘quién vive’, o porque ofrece más plata, o porque presenta antes los papeles… o tiene un mejor aval (…) En uno de los casos, el arrendatario le había ofrecido al dueño pagarle un año entero como garantía. Contra eso es imposible competir”.

¿Qué papeles piden? Las cotizaciones en la AFP, un documento que acredite antigüedad en el lugar de trabajo, las últimas 6 liquidaciones de sueldo… y los mismas exigencias para el aval que uno presenta. “En un departamento en Las Condes me pidieron hasta una carta de recomendación del dueño del piso que yo arrendaba en Madrid”, me cuenta mi amigo Pepe.

Tanto me conmovió su caso que le ofrecí ayuda: si durante mi reportaje encontraba algo que le pudiera servir a él, le pasaría el dato. Quedamos entonces en contacto.

¿El Palacio de Versalles?

Una buena opción de búsqueda -al menos es ordenada- es Goplaceit.com, un sitio web relativamente nuevo, que permite ingresar criterios más específicos. El sistema, entonces, te arroja opciones “a tu medida”. En mi caso, y tras haber dibujado sobre un mapa el cuadrante que me interesaba, había 80 alternativas, cada una con una descripción, fotografías y un e-mail de contacto.

Uno de ellos, en calle Pérez Valenzuela, se titula “Imposible de creer”… y se describe como un “moderno edificio en sector muy tranquilo, a una cuadra del metro Manuel Montt”. Por 55 m2, su dueño cobra $500.000. ¡500 lucas! Efectivamente… “imposible de creer”. ¿Interesados en alquilar la propiedad? 181… y sumando. Cuando llamé para coordinar una visita, me informaron que ya había sido adjudicado.

Caminando por calle Miraflores, en lo alto de un séptimo piso, divisé la tarde del martes un letrero de “SE ARRIENDA”. Pregunté en conserjería y me dieron el dato del propietario. Marcelo, se llamaba. Nuestra conversación terminó de manera insólita:

“Si es por $300.000, y los gastos comunes son $60.000, entonces podría hacer un pequeño esfuerzo y arrendarlo”, le dije.

-Necesito entonces que me traigas un informe del Dicom tuyo y el de tu aval.

-Pero ahora, ¿no es ilegal pedir el Dicom?

-Me da lo mismo. Y también me gustaría conocerte en persona, poder ir a entrevistarte a tu pega.

-¿Quiere venir usted a mi lugar de trabajo?

-Claro. Para asegurarme que es verdad que trabajas donde dices que trabajas.

¡Plop! El tipo me ofrecía un departamento de 70 metros cuadrados… ¡no el Palacio de Versalles! Tanta exigencia, por Dios, ya parece bullying inmobiliario. Ni que fuese un estafador profesional.

Durante el martes, miércoles y parte del jueves seguí recorriendo algunos barrios interesantes, bien dateado por otro portal de internet. Dejé los zapatos en Pocuro, el Parque Bustamante, la Avenida Bilbao, el Vaticano Chico y el barrio Suecia. Y no encontré NADA. O el departamento estaba en malas condiciones -algunos dueños admiten que así, convertido en un chiquero, el lugar “igual se va a arrendar”-, o los precios habían subido demasiado, superando con creces mi presupuesto inicial.

En una oferta en calle Lota, cuando llegué, había una fila de 15 personas esperando conocer el departamento. El dueño nos hizo pasar en grupos de 3, y nos entregó un papel con las respuestas a todas nuestras posibles preguntas… “porque me da lata repetirlo todo cada vez”.

Una propuesta “indecente”

Durante la visita a un loft en el barrio Brasil (hasta allá llegué, con tal de no perder la esperanza) conocí a Macarena, una diseñadora de vestuario, de ojos intimidantes, rubia, con pinta hippie-chic de catálogo de Falabella. Ella también buscaba dónde instalarse, me confesó, porque quiere dejar de vivir con sus viejos. Y necesita un lugar que también le sirva para trabajar, donde poner su mesón para cortar telas y la máquina de coser.

Está “chata” de buscar, cuenta: “En Lastarria ya no queda nada y en Pocuro te morís lo caro que está todo (…) Por eso me vine pa’ acá. Porque me dijeron que era más piola”.

Yo entonces le explico que el arriendo acá vale $600.000, y que el lugar “está convertido en un nido de palomas”. El dueño, un argentino, lo tenía medio abandonado… y ahora, que se enteró que tenía un “millonario negocio” entre manos, perdiéndose, atinó a ofrecerlo para arriendo. “Ah no, que asco”, me responde la Maca, “les tengo fobia a las palomas… ¿por qué no nos vamos a vivir juntos? Yo soy súper de confianza. Así encontramos algo más grande y lo pagamos miti-mota, ¿te tinca?”.

No voy a negar que la oferta era tentadora, sobre todo considerando la belleza de la oferente. Tuve que negarme, sin embargo, para seguir con mi reportaje.

El problema de los 15 pisos

Ya casi rendido, aposté todas mis fichas a una última opción. El aviso en la web prometía un departamento de 90 m2, con 3 habitaciones, 2 baños y “excelente ubicación, a metros del Metro”. Se trataba, efectivamente, de un depto en el piso 15 de una de las torres de Carlos Antúnez con Providencia. Víctor, su propietario, lo estaba “amononando”, maestros de por medio, “para dejarlo impeque y entregarlo en las mejores condiciones”.

¿El precio? $330.000 y con una vista increíble a la cordillera. Los gastos comunes eran de $40 lucas. Se desajustaba “un pelito” mi presupuesto virtual, pero era una buena opción, sin dudas.

Y lo mejor de todo fue que, a pesar de que tenía 309 interesados, Víctor me contó que el interesado ahora era él: “Ha venido pura gente que no me da confianza. Y tú tienes pinta de ser un gallo serio. Si me dices que te lo quieres quedar, te lo dejo a ti”. Imaginen mi alegría en ese instante. Es cierto, yo no necesitaba el departamento, pero José, mi amigo en esta aventura, sí. Tenía entonces que avisarle.

Lo llamé al celular y le conté. Llegó a gritar de la emoción. Se deshizo en agradecimientos. “Sólo una preguntita tengo”, me dijo, antes de pedirme la dirección:

-¿En qué piso queda?

-En el 15.

-Entonces no me sirve…

-¡¿Por qué?!

-Porque la Loreto, mi polola, les tiene fobia a los ascensores. Y en eso no va a transar.

Cada loco con su tema… o su trauma, en este caso.

Mi experiencia buscando dónde vivir había terminado. Mi odisea no fue tan arriesgada como la del Ulises de Homero, es cierto, pero al menos tuve mayor éxito que él.

Y hasta una Penélope me salió en el camino.

“El aviso de un departamento en calle Pérez Valenzuela se titula “Imposible de creer”… y se describe como un “moderno edificio en sector muy ranquilo, a una cuadra del metro Manuel Montt”. Por 55 m2, su dueño cobra $500.000. ¡500 lucas! Efectivamente… “imposible de creer”.

 

Fuente:  Por Miguel Ortiz A, La Segunda

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